JUM MATH Actualidad

5 Abr 2020

LA EDUCACIÓN ANTE EL ESPEJO DE LA EMERGENCIA

 

¿Cómo hemos reaccionado desde el sistema educativo ante esta coyuntura? ¿Cuántas noticias hemos recibido estos días sobre la previsión de regreso a las clases o sobre el examen de Selectividad? Nadie discute el enorme reto que supone esta crisis sanitaria, pero si analizamos la respuesta dada hasta ahora, este estado de emergencia se erige como un gran espejo donde se refleja sin ningún filtro nuestro sistema educativo. Y la mejor forma de evidenciarlo no es mediante estadísticas, comunicados oficiales o juego de previsiones de fechas, sino a través de la propia experiencia de nuestro alumnado, docentes y familias, al fin y al cabo los protagonistas del proceso educativo. Basta bucear estos días por las redes sociales o tener un servicio de atención a docentes de etapas preuniversitarias, como es nuestro caso, para darse cuenta de que el sistema educativo ha reaccionado tal como es.

¿Qué ha retratado la crisis del coronavirus? En primer lugar, que nuestro modelo educativo tiene su epicentro en las clases presenciales (un indicador indiscutible es el horario lectivo del que todavía no tenemos evidencia de su eficacia). Estamos lejos todavía de tejer una propuesta educativa que trascienda las paredes de las aulas, que integre los entornos formales, no formales e informales de aprendizaje de niños y adolescentes. Por eso, nos ha descolocado bajar las persianas de nuestras instalaciones educativas y, pese a haber hecho una inversión considerable hace años en recursos y formación digital a docentes y alumnos, no podemos negar la evidencia: la brecha digital todavía azota a muchas familias de nuestro alumnado y se convierte en un determinante para conseguir la equidad educativa.

Por otra parte, si revisamos cómo se está abordando, por ejemplo, el planteamiento de la prueba de la Selectividad en esta situación, emerge otra gran realidad: seguimos poniendo el peso en los contenidos y no en el desarrollo de competencias claves para que nuestro alumnado ejerza una ciudadanía activa, consciente y comprometida en la sociedad del siglo XXI. Es cierto que la ministra Celaá mencionaba el pasado día 25 de marzo que se quería que “el alumno demuestre lo que sabe, no lo que no ha dado”. Pero si nos atenemos a lo que es el bachillerato hoy en día, nos encontramos con un gran repositorio de contenidos curriculares; con exámenes recurrentes tipo test con preguntas trampas para comprobar, por ejemplo, si nuestros estudiantes se han leído realmente los libros que les hemos designado.

En vez de situar a los futuros estudiantes universitarios en una incertidumbre continua sobre posibles fechas y modelo de un examen, ¿no sería un momento idóneo para que reflexionaran sobre todas las dimensiones sociales, políticas, científicas y económicas que se están poniendo en juego en estos momentos? ¿Por qué no aprovechamos esta coyuntura para que reflexionen, por ejemplo, sobre sí mismos y lo que quieren ser? No hay que olvidar que la orientación vocacional sigue siendo deficitaria en secundaria o bachillerato; la cifra de universitarios que abandonan los estudios o cambian de grado universitario en el primer año tiene un impacto no solo económico para el sistema, sino también para los propios estudiantes y sus familias (sin mencionar la crisis personal en la que entran muchos jóvenes).

Por este enfoque educativo que sigue poniendo tanto énfasis en los contenidos, muchos docentes se han visto conducidos estos días a remitir una agenda desbocada de actividades a alumnos y, realmente, a sus progenitores. Por cierto, de nuevo aquí presente la brecha educativa. ¿Cuántos padres y madres con estudios pueden ayudar a sus hijos a partir del primer año de secundaria?

Pero en medio de esta imagen proyectada de nuestro sistema educativo, aparece la gran fortaleza del mismo: los mismos actores del proceso de enseñanza-aprendizaje. En las redes sociales, adolescentes formulan preguntas poderosas sobre la situación que estamos viviendo, incluso lanzan una mirada crítica sobre la respuesta educativa que estamos ofreciéndoles; docentes se apuntan diariamente a cursos virtuales de formación del profesorado para seguir preparándose y están trabajando más horas para disponer de recursos y atender el correo electrónico con decenas de mensajes; y padres y madres se afanan porque sus hijos no pierdan la rutina de aprendizaje, pese a estar viviendo situaciones domésticas muy difíciles.

Nuestro sistema educativo tiene grandes grietas que la crisis ha puesto en evidencia de forma cruda. Pero al igual que los profesionales sanitarios que están demostrando su excelencia humana pese al fallo del sistema, docentes, familias y estudiantes están mostrando su musculatura de resiliencia y capacidad. Cuando amaine esta gran emergencia, aprovechemos de una vez para darles voz y capacidad para transformar nuestro modelo educativo.

Mamen Salcedo Vereda
Dra. en Antropología Social y Cultural
Directora de investigación y proyectos educativos en JUMPMath y UpSocial